Hace un tiempo, cuando la OTAN y sus tropas mercenarias por fin alcanzaron su objetivo de derrocar a Gaddafi en Libia, ya comenté que sucedería lo que hoy es un hecho. Después de Libia, el siguiente paso de la organización terrorista OTAN antes de centrarse en Irán sería Siria, el último aliado geopolítico de Irán en la zona.
El conflicto sirio se inició casi paralelamente con la invasión de Libia, pero su desarrollo ha sido diferente, y en el caso de Siria considerablemente más costoso que en el caso libio para la OTAN y compañía, puede que en buena parte por el apoyo logístico y militar que Rusia brinda a su aliado sirio, si bien el apoyo de Rusia es algo ambiguo, puesto que también han mantenido contactos con la oposición. Además de que las potencias occidentales tampoco las tienen todas consigo, dado que sus aliados en este conflicto son talibanes del extremismo islámico a los que no es fácil mantener bajo control.
Para derrocar a Gaddafi se utilizó primero la guerra mediática, es decir, definir a Libia como un régimen sanguinario y tiránico bajo la mano de hierro, cruel e inflexible, del coronel Gaddafi, y acusarlo de violar repetidamente los derechos humanos perpetrando masacres contra manifestantes pacíficos. Esto es lo que nos contaron hasta la saciedad para convencer a la opinión pública de la "necesidad imperiosa" de "intervenir" en Libia, independientemente de que la información fuese falsa o las fuentes no estuviesen debidamente verificadas. La verdad realmente no importaba. Tras esto, la ONU impuso una zona de exclusión aérea y dio su aprobación para una "intervención humanitaria" en Libia. El resto de la historia ya lo conocemos.





