El 1 de Agosto, cuando dan comienzo las vacaciones estivales, fue el día elegido por Mariano Rajoy para comparecer ante el pleno del Congreso de los Diputados y dar las supuestas explicaciones que no sólo los diversos grupos parlamentarios exigen, sino que es algo que exige el grueso de la sociedad española y el mismo ejercicio de la política en un Estado que se dice "democrático", paralizado por el caso de corrupción más grande conocido en la historia de la política en España, probablemente desde los pucherazos de la España de la Restauración de Cánovas y Sagasta.
Como era de esperarse, el plan de Rajoy no pasaba por confesar con escrupulosa transparencia los detalles de su relación con el delincuente Luis Bárcenas, ni por admitir que hubiera recibido importantes sobresueldos en dinero negro durante años -porque recordemos que Bárcenas ha sido el tesorero del Partido Popular durante dos décadas-, y mucho menos, que el PP se haya estado financiando de manera ilegal.
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| Luis Bárcenas escoltado por la Policía |
No. Nada de eso. El plan era ir de víctima, interpretar el papel del pobre ingenuo engañado y traicionado por un delincuente sin escrúpulos ni moral, pedir perdón, decir que se había equivocado [confiando en Luis Bárcenas]... y ya está. Por supuesto, en ningún momento se ha planteado, ni de forma remota, la posibilidad de dimitir.
El acto recuerda un poco al que protagonizó en su momento el monarca tras su aventura safari cazaelefantes. El monarca en ningún momento pensó que tuviese que dar explicaciones detalladas ni asumir más responsabilidades que la de pedir perdón públicamente -fuese o no de forma sincera-. Y como en España tenemos ese vacío legislativo para reclamar legalmente responsabilidades a nuestro nunca electo Jefe del Estado, pues con eso basta. Disculpa y para casa.



