Después de la lluvia que ha caído sobre Libia, vienen ahora los líderes europeos de turno, en un alarde de cinismo, hipocresía y descaro ya bastante habitual en el modo de actuar de Occidente, con el discurso aprendido de patio de vecindad sobre reconciliación y dando lecciones de paz, de democracia, de libertad y de respeto por los Derechos Humanos.
Raudos y veloces llegaban Nicolás Sarkozy y David Cameron a Trípoli a buscar el trozo más grande posible del pastel que ofrece la nueva democracia libia a sus aliados occidentales, aún cuando en el país sigue habiendo una fuerte oposición por parte de
la población a la invasión de la OTAN y apoyo declarado al hasta ahora
líder de la Yamahiriya libia, demostrándose así una total y absoluta falta de respeto hacia el pueblo libio, y anticipándose al presidente turco, Erdogán (el cual es un aliado que se está volviendo un poco molesto para Occidente con aquello de defender el reconocimiento de un Estado palestino), para que cuando éste llegue se encuentre con todo el pescado vendido.
Nos encontramos una vez más con el juego del "tonto el último", en el que los beligerantes presidentes francés y británico han querido ser los primeros en mear el territorio, cual perros callejeros, para marcar la parte del botín petrolero con la que pretenden salvar sus decadentes economías basadas en la especulación financiera.

