Cuando el magnate del juego, el estadounidense Sheldon Adelson, presidente y director ejecutivo de la corporación Las Vegas Sands, escogió España, y Madrid en particular, como lugar para instalar su complejo de casinos Eurovegas, los altos cargos del PP aplaudieron con las orejas y corrieron raudos y veloces a tenderle la alfombra roja. Les había tocado la lotería, un regalo del cielo, un magnate multimillonario que quería dejarse una pequeña parte de su oronda fortuna en uno de los mayores cortijos del PP.
Para los miembros del PP todo lo que trae Eurovegas es positivo, y sin duda para sus intereses económicos lo es, pero lo justifican tras la cortina de los puestos de trabajo y la riqueza que hipotéticamente creará, lo que quiere decir que la forma en que se genere la riqueza no preocupa demasiado en el PP, aunque para ello haya que crear un limbo legal y jurídico.






