Antes, poco o nada se solía hablar en los medios españoles de Argentina, su gobierno y sus políticas, pero desde hace unos días, cuando la presidenta de la República Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, decidió aprobar la nacionalización de YPF -empresa petrolera argentina vendida a la multinacional Repsol en el año 2002 por un precio devaluado por el gobierno ultraliberal conservador de Carlos Menem- interviniendo el 51% de sus acciones, en los medios españoles (y en todos aquellos no-españoles que defienden los intereses de la corporatocracia) se empezaron a volver a locos, a tirarse de los pelos y a morderse el puño mientras se demonizaba la imagen del gobierno argentino y se le lanzaban todos los improperios habidos y por haber, tildando la nacionalización de la petrolera argentina de "injusta", "irracional", "irresponsable" y "discriminatoria".
Han sido varios días en los que los medios no han parado de bombardear a la opinión pública calificando el hecho de poco menos que monstruoso en todos los espacios televisivos y radiofónicos del país, apelando a la indignación nacional por lo que han calificado como "un expolio y un ataque a España". Y en esta última frase tendríamos que detenernos un momento. Si España somos los ciudadanos, ¿en qué grado significa un ataque para la ciudadanía española el "expolio" a Repsol? No olvidemos que Repsol es una empresa privada multinacional, que la mayor parte de su capital es extranjero, y que en España, donde tiene su sede, declara al fisco solamente el 25% de sus beneficios. Repsol no es una empresa pública de la que se beneficien todos los españoles, por lo tanto, salvo el caso de que alguien tenga acciones en la empresa, la nacionalización de YPF no es un ataque a España como han repetido en numerosas ocasiones en estos días los medios.


